Home > Mensajes > El Credo Espírita: la bandera de la fraternidad universal

Creer en un Dios Todo Poderoso, soberanamente justo y bueno.

Creer en el alma y en su inmortalidad, en la preexistencia del alma como justificación de la presente existencia; en la pluralidad de las existencias como medio de expiación, reparación y adelantamiento intelectual y moral; en la perfección de los seres más imperfectos; en la felicidad creciente con la perfección; en la remuneración equitativa del bien y del mal, según el principio: a cada uno según sus obras, en la igualdad de la justicia para todos, sin excepciones, favores ni privilegios para criatura alguna; en la duración de la expiación limitada a la imperfección; en el libre albedrío del hombre, dejándole escoger entre el bien y el mal.

Creer en la continuidad de las relaciones entre el mundo visible y el mundo invisible; en la solidaridad que une a todos los entes pasados, presentes y futuros, encarnados y desencarnados; considerar la vida terrestre como transitoria y una de las fases de la vida del Espíritu que es eterna; aceptar valerosamente las pruebas, viendo el futuro más deseable que el presente; practicar la caridad por los pensamientos, palabras y obras, en la más amplia acepción del vocablo; esforzarse cada día en ser mejor que en la víspera, extirpando del alma alguna imperfección; someter todas sus creencias al control del libre examen y de la razón y no aceptar nada por una fe ciega; respetar todas las creencias sinceras, por más irracionales que nos parezcan, y no violentar la conciencia de nadie.

Ver, en fin, en los descubrimientos de la Ciencia, la revelación de las leyes de la naturaleza, que son las leyes de Dios: he aquí el Credo, la religión del Espiritismo, religión que puede conciliarse con todos los cultos, esto es, con todas las maneras de adorar a Dios. Ese es el lazo que debe unir a todos los espíritas en una santa comunión de pensamientos, en cuanto se espera que él una a todos los hombres bajo la bandera de la fraternidad universal.

Revista Espírita de1868,
Discurso de apertura de Allan Kardec,
en la sesión anual conmemorativa del día de todos los santos
de la Sociedad de París, el 01 de noviembre de 1868

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